El consumo de drogas es un hecho antiguo. En todas las
épocas los hombres han conocido y han consumido sustancias que hacen
experimentar estados de lucidez y oscuridad mental, de excitación o de
relajamiento en el ánimo, de euforia o pasividad y abulia a quien las ingiere.
Se trata, como es sabido, de sustancias variadas que se engloban bajo la
denominación común de drogas.

No es un hecho nuevo el consumo de drogas, pero
en nuestros días es novedosa la extensión del fenómeno, la calidad de los
nuevos usuarios-la gente joven, los adolescentes- y los intentos de
justificación de esta conducta. Por tratarse de un hecho humano, el consumo de
drogas tiene junto a sus aspectos médicos, psicológicos, sociales, jurídicos,
etc., una dimensión moral.
Esta dimensión moral es la que estudiaremos a
continuación. Antes de comenzar es oportuno hacer presente que el examen oral
de un hecho significa penetrar en un orden de cosas distinto del orden en que
se mueven las ciencias comúnmente llamadas positivas o experimentales: la
química, la medicina, la psicología, la sociología, etc. A estas ciencias les
interesan las causas y los efectos inmediatos de las cosas o de los hechos; el
moralista, en cambio, se sitúa más abajo, podríamos decir, en el dominio del
ser; y específicamente, del ser del hombre. Porque la ciencia moral busca la
norma, el deber-ser, no arbitrario o antojadizo, sino necesario, que está
vinculado al ser mismo de las cosas y del hombre.
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